JUAN HIDALGO: OBSTINADA PROFUNDIDAD

JUAN HIDALGO: OBSTINADA PROFUNDIDAD

Texto publicado en el catálogo
LOS OTROS (ARTISTAS)-THE OTHER ARTISTS
Madrid, 2016: El Corte Inglés-Ámbito Cultural, pp. 162-175
[Intervenciones de José Luis Alexanco, Victoria Civera, Dis Berlin, Juan Hidalgo, Antonio Pérez y Eulàlia Valldosera, en el contexto de ARCOmadrid 2016.  En colaboración con Ayuntamiento y Comunidad de Madrid].

“Amo la ceremonia, el rito y la historia del arte”[1], así declarado por Juan Hildalgo (Las Palmas de Gran Canaria, 1927), casi recordándonos, permítase llegue a estas líneas, el serio Juan Gris y su vindicación de la emoción que corrige la regla.  Pues pareciere que Hidalgo haya referido, -entre el exceso de imágenes que puebla lo real, y de inmediato-, la emoción que destilan, tan llenos, el vacío y la nada.   Y algo de su vocabulario visual, también su singular textualidad, tiene ese aire de suspensión en el vacío, de “etcétera”, -unos puntos suspensivos son ese “etcétera”, tal un salto en la nada-, elogio de un mundo abierto, como algo expectante y que quedara por venir, esa nada fértil.    Es Hidalgo creador de una obra compleja y de esencia heterodoxa: visual, musical, literaria o accionista, -con aire de estar siempre in progress-, que pareciere presidida por esa emoción que supone la inagotada explicitación representativa de diversas ceremonias.  Ceremonia del anhelo, del deseo y el sexo, casi hasta la extenuación el anhelo, mas también semejare que mostrando su capacidad de ofrecerlo mediante un medido ritual de repertorio barroco, vehemencia visual que despliega con una parsimonia casi manierista, realidad en ocasiones saturada más saturada de preguntas que de consabidas certezas, en donde los desechos pueden ser flores o bien éstas ser vistas con una belleza de quieto aire temible.  Ver  y vertedero.   Ser artista uno entre el vértigo y el acceso a lo profundo, ese parece ser objetivo de Hidalgo, casi una obsesión por penetrar -con la lentitud de un despliegue- a la profundidad de las cosas otorgando a lo creado, en ocasiones, el resorte de un cierto aire feroz, pareciere presidido por el rumor de la tensión, en ciertas zonas de su trabajo.

Frecuentemente dominada su obra por la presencia de objetos, -sobre los que parece interrogarse bajo la apariencia de su muestra en espacios neutrales-, que en su objetualización, -a veces pareciere suprimidos de carga expresiva, otrora ironizados, también cuenta su frecuente trivialidad: la disposición de su insignificancia radical-, son puestos en cuestión, deviniendo casi objetos-del-estupor al ser establecidos en un solitario mundo aplazado.   Fetichismo obstinado de lo insignificante, aquello en apariencia es ínfimo y permanece en un recodo del camino: un plato roto que, azulino, muestra sus fragmentos recompuestos, tiene un aire lunar.   El humo que sobrevuela el aire, levantándose desde un platillo argento, patena parece.  Cinco cajas: una más cuatro suman las cinco, en su interior el polvo, como conceptos, tal cenizas de color.   Una bola de golf, suspendida en el espacio es “Plutón”, pequeño planeta.  Cactus y plataneras, cajas u objetos, pianos o  preservativos.   Besos y tumbas.  Rostros y estancias, perros, falos y paisajes.

Viaje desde el objeto lato (que, en tal clara revelación, parece ser puesto en cuestión) a la par que se otrora se ofrece su extremo: la narración de una suerte de privacidad desvelada, imágenes robadas dirá a veces Hidalgo. ¿Escribimos “ironía”?. No, es la representación del sexo, personas, animales o lugares, que parece establecerse en un territorio de preguntas que no excluyen, en ocasiones, un leve aire irónico mas, tampoco, la precisión.  Imágenes ofrecidas en forma de torrente, a veces de descarada ternura, memorabilia en ocasiones, accionismo y objetualismo: una obra con voluntad de corpus total donde puede mostrarse a las claras o, bien, optarse por un mundo mistérico.  Relatos de aire autobiográfico[2], arte como vida-vida como arte, testimonios lo ha llamado a veces, en donde jamás se esquiva la placidez de un cierto estar conceptual, componiendo, pareciere, un relato artístico donde vida, su vida, parece siempre ser trasunto de lo que sucede.  Arte de intensidades, de nuevo arte de tensiones y no distracciones, de aquellas vive el arte[3].   Es frecuente en su obra la presencia de homenajes, lecturas casi secretas, cuando no soterradas, sobre la amada historia del arte.  Quizás una de las más explícitas sea su “Búho cubista” (1998) o la mención al mundo de lo surreal que se halla en muchas de sus obras, véase su “Flor y mujer” (1969).   También hay algunos otros homenajes a Monet:Trío Rosa-rosae para Claude Monet” (2007) y luego citaremos al esencial Duchamp.  Otro anartista.

Restituyendo un cierto visible, pareciere suspendido entre la conciencia y la sensación, semejare Hidalgo ser capaz de ser exterior a sí mismo.   Hundiéndose en lo real mas siéndole posible sostenerlo en un margen, dueño de lo que parece un extraño saber que es ofrecido en forma de lento goteo, yendo y viniendo, entre sus imágenes.   Bucles, que así van y vienen, serialismo visual, a veces irónicamente viajan sus imágenes entre las formas artísticas, comprendiendo cierto elogio de lo marginal, insurrección de lo presuntamente apartado de los caminos nobles de la historia del arte, sumando a todo ello las lecturas, las personas o la música, distinción, en todo caso, frente a los caminos transitados.  También, nuevamente, ha de subrayarse su inapelable distingo de raro, artista otro.  Capaz de establecerse en sus sólidos conocimientos musicales, como ser elevador de objetos, -otro hijo de Duchamp, recordado en este punto su composición “Rrose Selavy” (1976)[4]-, o accionista fotográfico también, pareciendo, a través de dicha conceptualización de la fotografía mencionar, claro está, el tiempo, efímero y pasado, en que sucediere la acción.   De tal modo que ésta, quieta, pareciere no ser explicada, es “ahora” aquella acción que sucedió, a la par que mencionar ciertas claves de su proceder, reivindicando entonces, refiriendo el tiempo y la imagen, la poética de las imágenes.   Acción quieta, pareciere emulando un registro o la taxonomización de lo real, la realidad se anota en los títulos de sus obras, muchas veces con el “más” de uno/una/más, con la levedad y parsimonia del recuento de lo que sucede en derredor, como Perec, el día transcurre tomando nota de las cosas que, leves, pasan frente a los ojos, la vida y sus horas pasan así.   Pasa la vida en nada y todo fue un suspiro, quedan briznas.   Elogio de lo -en apariencia- nimio, convocando el silencio a lo Blanchot, a lo que desapercibido pasa.  Sonidos y silencios.  Y esa aparente taxonomización de lo real hay que vincularla, también, con lo serial, con una música visual que parece componerse a base de la toma de fragmentos de lo real, poemas visuales o fonéticos, imágenes que tantean revelar lo invisible.  La fotografía, con su pretendida voluntad por detener el tiempo, parece abolir, también, la identidad de lo fotografiado que pasa a ser visto como una cuestión óptica, aplazado el contexto o el mundo real, la perspectiva en que se halle, quedan muchas veces los objetos en la obra de Hidalgo con aire de nada, suspendidos, flotando en el espacio[5].    Nuevos ready-mades aislados, los objetos alejados de su cometido, en ellos se acentúa un aire de exclusión, de despojamiento y deslizamiento en el espacio, como pareciendo sustraerles ciertos mecanismos de su retórica, los significados que los constituyeron.

Y, sin excluir lo riguroso, hay un cierto polifonismo en su vida creativa, exaltante en su impaciencia, esfuerzo realizado en pos de la lucidez mas sin pretender la iluminación de la sentencia sabia, el simulacro vano del conocer.  Viajero hacia una visión sin contemplaciones, -despiadada, podríamos escribir-, que le ha hecho desplazarse entre la instalación, -“ambiente” gusta llamarlo, como pareciendo “humanizar” el asunto-, la performance, los collages de objetos y la acción fotográfica.  Es tal una toma de conciencia, su existencia es inseparable de una conciencia en la que fuere preciso llegar hasta el fondo, parece decir nuestro artista, y para ello es preciso descubrir y conocer, la verdad llegará -al fin- tras entregarse denodadamente a la búsqueda.  Para Hidalgo todo fue acción pues, quizás, para este artista toda su creación sea la de un hombre de acción y de tal conjunto de acciones artísticas, quietas en sus fotografías, leo siempre un aire poético, melancólico, inclusive en el uso de aquellas viejas imágenes pornográficas, que llegan a nosotros como la memoria de un tiempo.  Al cabo, ya, la mención a aquellas acaba refiriendo un tiempo pasado, –un-tiempo-más, por decirlo con su dialéctica del “más” que acaba en deriva, pareciere, también, de la diversidad-, mostrando casi la diáspora inagotada de los objetos y situaciones que componen, hasta saturar, el mundo.  Casi-un-etcétera, volviendo a Hidalgo.

Mas hay también objetos de clara estirpe corpórea: sombreros, anillos, calcetines o guantes u, otrora, escenificaciones del desecho: “Esto es lo que queda” (1989).  Cenizas, escenas -tal historias- a veces inquietantes, otras de una densa poesía, briznas de lo real, hallazgos que parecen convocar a un demiurgo: en el azar del cotidiano vivir, cual toma exhaustiva de conciencia, Hidalgo nos conmueve a vernos en el espejo de la estupefacción cotidiana, como una violencia interior.  Es el ejercicio de la trasgresión de narrar un mundo perturbador desde el sillón, este desasosegante, del artista, son los resortes de una contemplación obstinada. De alguna forma es mirar con ojos de compositor habituado a un cierto dejar vagar lo sonidos y que, de este modo, construye el mundo de las imágenes con aire de liberarlas de su significado original, ventanas hacia otras cosas[6].  Acariciando la aparente intrascendencia de los objetos que rodean el vivir, despojándolos, pareciere, de la retórica, hay como la aspiración a un serialismo zen de las imágenes y que esta devenga vía para acceder a la auténtica verdad.

John Cage es su padre, y Marcel Duchamp el abuelo, dirá Hidalgo[7], no esquivando así, en tal vindicación, que toda su obra es heredera de una voluntad lingüística: ya fuere en la propia mención titular, como en la frecuente presencia de textos, partituras, cartas u otros mensajes en sus obras, proposiciones que incorporándose al lenguaje visual son parte inextricable de éste.    Mapas del cuerpo, también, cartografía objetivada del deseo, paradojas de la pasión, su ansia por el relato parece suprimirlo, tanta voz, ese viaje de Eros que parece establecerse en la mención a una cierta circularidad, convoca al silencio.  Y así, en dicho aire de establecimiento de territorios también podríamos referir su obra, donde parece ofrecerse el descubrimiento del mismo, muchas veces gracias a la acción de la mano.  Otras veces, esa relación entre el deseo y la muerte, fin del deseo al cabo, es explícita[8].

En 1964, Manolo Millares realizaba una serie de tres esculturas, “objetos sin nombre”, que se denominaban “Artefactos para la paz” y que fueron expuestos por primera vez en la galería Edurne de Madrid en un único día, el martes 18 de mayo de 1965, junto a obras de Alberto Greco e incluyendo un concierto ZAJ.  El título de la exposición  mencionaba a Juan Hidalgo, recordando una amistad que había surgido en la década anterior en el contexto del grupo LADAC[9], conjunto canario en el que se había producido, tempranos años cincuenta, un primer activismo en la lasitud del arte de ese tiempo[10].  Estaban dispuestos los LADAC, también Hidalgo, a lanzar sus flechas a los ojos de los artistas de toda España[11].      ZAJ era, ya aquel año de creación de los artefactos, un frente de guerra estético[12] que no excluía  la ironía en un tiempo de absoluta seriedad[13], era la afirmación sobre el vacío, elogio del sentido lato, –esto está hecho así y asao, decían en uno de sus programas[14]con aspecto de descripcionismo frío en sus proclamas- acostumbrados como estamos a la presencia de obras artísticas que se constituyen como existentes.  Con el accionismo irónico de ZAJ, trasladando objetos  por las calles de Madrid, en nuestro contexto se asumía una puesta en duda de lo real que, en aquel momento, pensemos en el año: 1964, era también una forma de cuestionar la estructura política, singular era, en este contexto, el vacío proclamado por el traslado, en el otoño, de tres objetos a pie por Madrid.  Era el canto a la dignidad de lo efímero[15]y, con su accionismo silencioso e irónico, con aire de entierro de la nada, de alguna forma se inscribía Hidalgo en lo que era una corriente vanguardista en el resto del arte internacional, el happening o las tendencias neodadá de los sesenta, aquello era una forma de puesta en cuestión de la seriedad que, en España especialmente, había tenido el informalismo, tan dramático.   De alguna manera muchas de las ideas de ZAJ, impulsadas por Hidalgo, supondrían el lanzamiento de un conjunto de estrategias que serían, como sucediera con los Fluxus o Gutai, verdaderas puestas en marcha de los artistas del futuro.   Hidalgo recogía, en el aire en suspensión de la indeterminación de sus proclamas, en su aparente objetualización, una suerte de opera aperta, se cuestiona el arte porque están ausentes los objetos artísticos, era la energía que se desplaza entre el aire, es el aura, la iluminación: la energía de esa nueva propuesta artística.

Un año después a aquel año citado más arriba, 1965, se mostraba la exposición: “MILLARES, Tres artefactos al 25 (1963-64) / GRECO, cuadros / HIDALGO MARCHETTI, actuaciones”.  Una de estas obras es presentada posteriormente a un círculo reducido de amigos el 11 de noviembre de 1965 en una velada del grupo ZAJ[16].  Unos meses antes, el grupo ZAJ había colaborado con Millares en  la exposición en la Galería Divulgaçao de Lisboa, durante el mes de marzo: Millares, Barce, Hidalgo, Marchetti[17]. Era, pues, un contexto de aire objetivo mas activo, si pensamos en el Concierto Zaj por calles y plazas de Madrid, con obras de Barce, Cage, Hidalgo y Marchetti, y con un “Climax” de Millares y una “Máscara” de Reino que tiene lugar el 21 de mayo de este mismo año.      Alguien esperaba un milagro, escribía Millares, en el contexto del concierto ZAJ: “Y  en esta basura indiferente, una lata de sardinas -ya vacía de inmundicias y fines de semana-; un zapato negro, sin suelas ni cordones, desalquilado entre los vertederos de extramuros; un harapo sin alquimias eróticas, gritan su cercanía a los pliegues postreros de la tierra (…) alguien espera que se opere el milagro de una explosión en flor nacida precisamente sobre esa misma tierra-zapato-lata-harapo-basura que hacen el montón tácito de nuestra preclara historia”[18].

Ha sido el arte de Juan Hidalgo también de esperas, mas de verdadera intensidad, de constante tensión a través de una obra que, surgiendo de sí misma, comprendiendo sus códigos, se apoya en sí misma siendo precisa la comprensión en su conjunto.  Excesos y desbordamientos, en una suerte de declarada y gozosa no imposición de sabiduría, imágenes compatibles con memorias de luces quietas, como contrapuntos.   Una obstinada profundidad que deviene intensidad e ilumina, tal llama que incandesce, su larga trayectoria.

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[1] HIDALGO, Juan. De Juan Hidalgo (1957-1997).  Las Palmas de Gran Canaria-Santa Cruz de Tenerife: Centro Atlántico de Arte Moderno-Sala de exposiciones “La Recova”, 1997.

[2] Algunas de sus acciones fotográficas se establecen a modo de mosaicos o conjuntos de imágenes de aire biográfico: “Biografías”; “Las viejas fotos de la güela”; “Hospitalia, rosas rojas, aeropuertos y gin tonics”.  U otras “acciones” cuyo título evoca la “Memoria”, como “Memoria II. Rosas rojas en Berlín (1870-1919)” (2001-2006), también, en este punto, pueden citarse sus “Oasis”.

[3] ZÓBEL, Fernando.  Pensando en Gustavo Torner.  En el catálogo: Torner. Madrid: Ediciones Rayuela, Colección Poliedro, 1978, pp. 3-6: “De tensiones vive el arte y de distracciones muere”. 

[4] Obra musical del Juan Hidalgo.

[5]Estoy pensando en acciones fotográficas como “Memoria III. Plutón pequeño planeta” (2006), que citamos en el texto, o “Bolasoñada” (2007).

[6] CABANNE, Pierre. Conversando con Marcel Duchamp.  México D.F.: 2006-2010, p. 21.

[7] Recogido por: RUBIO, José Ramón. ‘Actum’ y la genealogía de Juan Hidalgo. Madrid: Triunfo, nº 844, 31/III/1979, p. 58.

[8] Vid. a este respecto su texto y obra: “Flor y hombre (1 y 2)” (1969). HIDALGO, Juan. De Juan Hidalgo (1957-1997), op. cit. pp. 75-77.

[9] Con ocasión de la exposición primera de LADAC: El Museo Canario, Exposición de Arte Contemporáneo (Alberto Manrique, Juan Ismael, Manolo Millares y Rafael Monzón), Las Palmas de Gran Canaria, 21 Enero-4 Febrero 1950, se organizó un ciclo de conferencias, en siete veladas, entre el 21 de enero y el 4 de febrero, en la que intervinieron críticos de arte, poetas y músicos.  En ese concierto se conocieron Millares e Hidalgo coincidiendo con un concierto de éste, el día 4 de febrero, en el Museo Canario. En los actos intervinieron: 21 de enero: Eduardo Westerdahl (“Lo social en el arte absoluto”) presentado por Juan Rodríguez Doreste; 23 de enero: Alfonso Armas (“Un autor y su estilo: Agustín Espinosa y su “Isla Arcángel”“), Patricio Pérez Moreno, María Ester Alonso y Pilar Puiggari; 26 de enero: Pedro Lezcano (“Comentario estético sobre el teatro”), Joaquín Blanco, R. Lezcano, Magdalena Cantero, Lolita Millares, Juan Ismael González Mora (“Superrealismo”) e Isidro Miranda; 28 de enero: Juan Ismael, Patricio Pérez Moreno y José L. Junco; 30 de enero: Rafael Monzón (“Comentario sobre plástica moderna”), José María Millares, Agustín Millares y Maruja Apolinario; 1 de febrero: Miguel Benítez (“La música en nuestro tiempo”); 3 de febrero: Ventura Doreste (“Una nota sobre estética”); 4 de febrero: Simón Benítez Padilla (“Arte primitivo y Arte contemporáneo: su repercusión en Canarias”) y el citado Hidalgo.

[10] En 1959, con la ayuda de Felo Monzón y Manolo Millares, Juan Hidalgo realizó el festival de música contemporánea “Siete días de nueva música”.

[11] “LADAC (Los arqueros del arte contemporáneo) – escribió E. Westerdahl como presentación- “se preparan a lanzar sus flechas, cinceladas y llenas de pintura, a un  blanco preciso: a los ojos de todos los pintores de España””.  MILLARES, Manolo. LADAC se preparan a lanzar sus flechas”. Las Palmas de Gran Canaria: LADAC, 1951

[12] LEÓN BARRETO, Luis. ZAJ: el nuevo happening.  Madrid: Triunfo, nº 620, 17/VIII/1974, p. 55

[13] BOZAL, Valeriano.  Dos etcéteras sobre Juan Hidalgo.  En De Juan Hidalgo (1957-1997), op. cit. p. 243.

[14] MILLARES, Manolo.  Velada Zaj o Esto está hecho así y asao.  Lisboa: Galería Divulgaçao, Marzo de 1965

[15] Realizado el jueves 19 de noviembre de 1964, entre las 9.33 y las 10.58 desde la calle Batalla del Salado hasta la Avenida de Séneca, en Madrid.

[16] Con esta ocasión se edita su conocido y citado texto titulado con su comienzo: “Esto está hecho así y asao”. 

[17] Estas son las cronologías de las exposiciones citadas: Galería Divulgaçao, Millares, Barce, Hidalgo, Marchetti, Lisboa, 1-30 Marzo 1965; Edurne, Estudio de Arte, Millares. Tres artefactos al 25 (1963-64). Greco, Cuadros. Hidalgo/Marchetti, Madrid, 18 Mayo 1965 y Concierto Zaj por calles y plazas de Madrid, con obras de Barce, Cage, Hidalgo y Marchetti, y con un “Climax” de Millares y una “Máscara” de Reino, Madrid, 21 de mayo de 1965.

[18] MILLARES, Manolo.  Velada Zaj o Esto está hecho así y asao, op. cit.  Hay dos Versiones [Manolo Millares, “Zaj” (o “Esto está hecho así y asao”), Madrid, Marzo de 1965]. Reproducido en el catálogo de la exposición de Millares en el Museo Español de Arte Contemporáneo, Madrid, 1975,  s/p, p. 117.