MANOLO MILLARES, LA ATRACCIÓN DEL HORROR,

MANOLO MILLARES, LA ATRACCIÓN DEL HORROR,

Manolo Millares, la atracción del horror
Alfonso de la Torre
ISBN: 978-84-942533-5-5 Ed. digital
ISBN: 978-84-942533-4-8 Ed. ImpresaEditorial: Genueve Ediciones.
Año de edición: 2016
Número de páginas: 222

 

MANOLO MILLARES, LA ATRACCIÓN DEL HORROR, es una obra escrita por Alfonso de la Torre (Madrid, 1960), autor del CATÁLOGO RAZONADO DE PINTURAS DE MANOLO MILLARES (editado por el MNCARS-Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y la Fundación Azcona, 2004) y comisario de su más importante exposición retrospectiva, celebrada hasta la fecha: MANOLO MILLARES: LA DESTRUCCIÓN Y EL AMOR (2006), promovida por Caixa Galicia.   Es autor, también, de  MANOLO MILLARES, VESTIGIO Y CEREMONIA. “A FAR CRY” (SOBRE LA PRESENCIA DE LA PINTURA DE MILLARES EN LOS ESTADOS UNIDOS)  (Acquavella Galleries, New York, 2006) y MILLARES HOY (Museo Salvador Victoria, Rubielos de Mora, 2013/Museo del Grabado Español Contemporáneo, Marbella, 2015) y acaba de concluir el CATÁLOGO RAZONADO de su obra grabada, de próxima publicación (Fundación Juan March-JCCLM-Museo del Grabado Español Contemporáneo, 2016).  Participó en el “IV ENCUENTRO SOBRE ARTE Y PENSAMIENTO” (2013), organizado por la Fundación Cristino de Vera (La Laguna), con una ponencia sobre Manolo Millares.   Ha dirigido la reedición bilingüe de libro de Millares “MEMORIA DE UNA EXCAVACIÓN URBANA” (Galería Guillermo de Osma, Madrid, 2015).   Sobre el mismo artista versó su ponencia: José María Moreno Galván y Manolo Millares: Montando nuevamente la estructura de nuestra modernidad  [o, mejor] Del vertedero a la modernidad (La Puebla de Cazalla, 2014).     A su autoría se deben diversos textos en torno al arte durante la década de los cincuenta.

Salvaje crece la flor de mi cólera, es cita de Thomas Bernhard que abre el libro MANOLO MILLARES, LA ATRACCIÓN DEL HORROR. Una aproximación crítica al estudio de las relaciones de Manolo Millares (Las Palmas de Gran Canaria, 1926-Madrid, 1972) con la historia de su convulso tiempo y la influencia de éste en su pintura.  Partiendo de una imagen guardada por Millares en su álbum personal de recuerdos, la fotografía de 1945 de los Mussolini colgados en la plaza Loreto de Milán, el autor revisa la conmoción que los tiempos en los que vivió, y el conocimiento de ciertos hechos trágicos de los mismos, derivaron hacia su sentido artístico.   La destrucción y el amor corrían parejos por páramos descoyuntados, escribiría el artista.  En palabras del historiador Valeriano Bozal (Librería “La Central”, Madrid, 31/III/2016), es un libro ineludible para comprender la metodología creadora y el corpus creativo de Manolo Millares.  “En esta obra –señala Bozal- se revela el verdadero Millares, el hombre que convierte su cuerpo en el escenario de la batalla del arte”.  Para el artista Antonio Pérez, amigo de Millares, “es una obra perturbadora, de una insólita belleza en la escritura” (Fundación Antonio Pérez, Cuenca, 4/II/2016).

Contando con numeroso material inédito e imágenes de su estudio, producto de largos años de investigación, el desarrollo del libro se produce a través de tres capítulos: CUELGAN LOS CADÁVERES;  ¿CÓMO REPRESENTAR  EL CUERPO TRAS EL HOLOCAUSTO? y LOS OJOS DOLORIDOS.

En cierta medida esta aproximación al sentido artístico de Manolo Millares y el análisis de la época en la que vivió, tiene algo de foto-fija de la historia europea más reciente.

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GENUEVE EDICIONES

El sello Genueve ediciones es una experiencia emprendedora con vocación de liderazgo en la producción y difusión del conocimiento en el panorama editorial español. Nacido en 2011, tiene como objetivo publicar libros de acuerdo a los más exigentes parámetros de rigor científico y evaluación externa. La primera colección, Ciencias Sociales y Humanidades, se centra en áreas de conocimiento donde la publicación de monografías es parte esencial de la investigación y la actividad académica, al tiempo que la labor editorial universitaria se encuentra menos reconocida.

 

SELECCIÓN DE TRABAJOS REALIZADOS POR EL MISMO AUTOR EN TORNO A LA OBRA DE MANOLO MILLARES

Catálogo razonado (pinturas) Manolo Millares
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y Fundación Azcona, Madrid, 1999-2004, 708 pp.
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Manolo Millares, la destrucción y el amor (Exposición antológica),
Fundación Caixa Galicia,  A Coruña, 21 Julio-22 Octubre 2006
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Manolo Millares, vestigio y ceremonia. “A far cry” (sobre la presencia de la pintura de Millares en los Estados Unidos)
Acquavella Galleries, New York, Abril-Junio 2006
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Silencio en la gran ciudad  (1963): Manrique, Millares, Rivera, Rueda, Sempere, Serrano,
Ámbito Cultural, Madrid, 8-23 Febrero 2005

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Millares hoy
Museo Salvador Victoria, Rubielos de Mora, 2013
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Manolo Millares: Memoria de una excavación urbana.
Galería Guillermo de Osma, Madrid, 2015-Edición bilingüe (castellano/inglés), con  prólogo de Alfonso de la Torre: “Tocando la certeza de la letra”.
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Manolo Millares: Catálogo Razonado de Obra Gráfica
Museo del Grabado Español Contemporáneo, Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y Fundación Juan Marrch, Marbella-Toledo-Madrid, 2016-Edición bilingüe (castellano/inglés), con  prólogo de Alfonso de la Torre: “Manolo Millares: la imperiosa necesidad de lo nuevo (la obra gráfica de Millares (1959-1972)”.
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DOS PRIMERAS PÁGINAS DE

MANOLO MILLARES, LA ATRACCIÓN DEL HORROR

 

¿Chi m’ha negate le dolenti casa!?
¿Quién me niega la entrada en la casa del dolor?
Dante Alighieri, “La Divina Comedia”, “El Infierno”, Canto VIII

 

CAPÍTULO I: CUELGAN LOS CADÁVERES

Pues lo  hermoso no es más /que el comienzo de lo terrible
Rainer María Rilke, “Elegías Duinesas-Duineser Elegien” (1912)[1]

 

En 1926, el año de nacimiento de Manolo Millares, el fascismo italiano alcanzaba el cénit de su gloria.  Transcurrirán apenas veinte años desde esa fecha hasta 1945, año en el que Clara Petacci y Benito Mussolini serán colgados, cual pingajos, suspendidos cabeza abajo de la pérgola de la gasolinera en la Piazzale Loreto de Milán.   Día primaveral ése, el 27 de abril, dos días antes de que se libere Dachau, sumándose este espacio a una extensa topografía del horror contemporáneo que no será jamás abandonada.   Abril es el mes más cruel, escribía el poeta de la tierra yerma.

Serán tiempos de estupor y silencios.

Que se extenderán, imborrables, en los que padecieron las penurias.  Mas también en los supervivientes de los campos de exterminio, sus familiares, los liberadores, los asediados, los bombardeados, los liberados y los que de todo ello fueran testigos.   Y nosotros.

Nosotros, quienes no lo vivimos y contemplamos aún hoy, con idéntico estupor las imágenes.

Esta es una descripción de Primo Levi: “Apretados el uno contra el otro, innumerables, ocupando toda la llanura hasta el horizonte; a veces nos fundimos en una sustancia única, una masa angustiosa en la que nos sentimos apresados y sofocados”[2].   La creación contemporánea[3] sería conmocionada tanto por las imágenes de los montones de cadáveres, como por los racimos de seres de mirada perdida deambulando, aquí y acullá, hacia tierra de nadie en las jornadas inmediatas a la liberación de los campos.  Cumpliéndose el adagio que pronosticara Eliot de los cadáveres andantes sobre el baldío.    Promenade terrible entre los cuerpos apilados en zanjas entre los barrizales en el deshielo de la nieve en la primavera de ese año.  Caídos inertes cual árboles, vidas que serán cubiertas de fango por las palas excavadoras.

Frente a tanto conjunto de seres sin rostro, cuerpos exangües, meros huesos apenas recubiertos de piel, número incontable y por tanto pareciera que olvidable, estos tiempos serán también tiempos de gritos.   Palabra que recuerda la necesidad de la palabra.  Empero, aullido ciego, pues es lanzado hacia la nada de la Nada, al modo de una queja.  Un munchiano grito exasperado que expelido es hacia el bullente vacío de las constelaciones estelares.

Dios ha sido asesinado, y se reparten collares de dientes en fiestas criminales, canta en fechas próximas Juan Eduardo-Cirlot[4].

Junto a la palabra, el otro extremo de lo mismo: el silencio.  Serían tiempos de pánico mas también, o quizás por ello, tiempos de vindicación del mutismo como arma para la creación.   Silencio de Klein cuando pinte de blanco en 1958, casi a la par que Oteiza enmudezca, la galería Iris Clert de Paris.   Hasta poco antes de su muerte joven, Yves se pertrechará de un rodillo y de un gorrito hecho con papel de periódico.  Con esta indumentaria perturbada, uniforme naif, como si tal cosa, declarará abiertas las exposiciones de vacíos que harán a Albert Camus firmar en el libro de la galería y rememorar la máxima de Roberto Juarroz: sabido es que en el centro del vacío hay otra gran fiesta.  Las exposiciones elogiadoras de la nada, las muestras del vacío, poblarán la historia del arte contemporáneo, como recordará la exposición “Vides” en el Centre Pompidou en 2009.   “Avec le vide -escribirá con su letra temblorosa Albert- pleins pouvoirs”.

Plenos poderes al vacío.
Vacío.
Silencio.

O, por hablar con más justeza, parálisis de lo verbal que acariciaría la conocida duda planteada con audacia por Theodor Adorno en torno a la necesidad de la poesía tras el exterminio, y que tendrá sus émulos en las numerosas voces silenciosas que se alzarán en la segunda mitad del veinte.  Las imponentes máquinas de silencio de Beckett, Salinger o Pavese, gritan aquello de “¿quién, si yo gritara, me oiría sobre las bóvedas celestes?”…

Años cincuenta.  Resuena el clamor rilkeano.  Un eco que reverbera aún en la oquedad empírea.   En la insondable nada, también cósmica, no hay lugar para músicas astrales.   Un desesperanzado abismo arroja de una patada el orden y la medida universales.    Y a las aladas criaturas que viajaban entre las esferas transmitiendo la voz de los dioses.   Hegel nos había advertido que el espacio tangible se poblaría de un infernal mundo simbólico, abstracto e infinito.  Por aquí, justamente, comenzamos: Claretta y Benito penden en el vacío.   Hélas!: había llegado lo sublime.

 

(…)

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[1] Rainer María Rilke, “Elegías Duinesas-Duineser Elegien” (1912), Ediciones Rialp, Colección Adonais, 255-256, Madrid, 1968, p. 35

[2] Primo Levi, “Si esto es un hombre” (Giulio Einaudi, Torino, 1958), El Aleph, Madrid, 2007, p. 67.

[3] Escribiría William Golding que los sucesos de la segunda guerra mundial, “(…) rebasan nuestra imaginación.  Hemos ido a la guerra y hemos superado una y otra vez cualquier posible descripción.  Se trata de acontecimientos comparables a los agujeros negros del espacio.  Nada puede salir de ellos para relatarnos cómo era su interior.  Eran como eran y, al mismo tiempo, no ha habido nunca nada parecido a ellos.  Nos hallamos ante una laguna histórica.  Hemos descubierto el límite de la literatura”.  Citado en: Andrew Sinclair, “Francis Bacon.  Su vida en una época de violencia”, Circe Ediciones, Barcelona, 1995, pp. 108-109.  Sobre el particular escribirá Sinclair que “Francis Bacon había de probar que no había límites en la pintura (…) la experiencia de (…) las fotografías y noticiarios obtenidos por los norteamericanos en los campos de concentración, transformaron efectivamente la pintura británica, a la vez que la era de la fisión nuclear descomponía las artes”.  Ibíd. p. 108.

[4] Juan-Eduardo Cirlot, “Ferrant, Ferreira, Serra, Oteyza”, en “Las esculturas de Ferrant, Ferreira, Oteiza y E. Serra”, “Dau al Set”, Barcelona, III/1951